NUESTRA HISTORIA

Venimos de una familia que aprendieron a cultivar, cuidar y obtener la mejor materia prima para la elaboración del mejor producto.

Todo comenzó en el Siglo XIX

Fe, familia y aprendizaje

El corazón del emprendimiento es la familia: conversaciones mientras se pela, se muele o se templa; decisiones compartidas y una certeza que guía el ritmo diario: Dios provee y acompaña. La fe se vive en lo pequeño: comenzar cada jornada con oración, trabajar con excelencia y mirar el negocio como un medio para servir a otros.

La formación también ha contado: en el Centro de Desarrollo Infantil recibieron talleres de emprendimiento y contabilidad. Esa capacitación temprana modeló hábitos de trabajo, visión de futuro y una administración más responsable del proyecto.

Calidad que mira al mundo

Rulate crece paso a paso. Ya hay pedidos desde el extranjero y el “sueño grande” está declarado: exportar en volumen, competir en el Salon du Chocolat y promover el cacao ecuatoriano como uno de los mejores del planeta. No solo por el sabor, sino por el valor social: empleo local, agricultura cuidadosa del suelo y de las plantas, y una cadena que dignifica el trabajo.

“Queremos dejar un legado de paciencia y de trabajo: barras de alto cacao que hagan bien y una marca que abra oportunidades”.

Chocolates de Ecuador al mundo.

NUESTRO PRODUCTOS
NUESTRA PASIÓN.